Esta tarde



Hay tardes así.
Me urge terminar una pàgina
pero me distrae una hormiga
errante y salida de cauce,
¿raro, no? ,
que trepa por el filo, justo, de mi ventana

jueves, 29 de noviembre de 2007

LOS MITOS

“Los mitos aparecen para fundamentar los nacimientos, los primeros, claro, los orígenes, hablo de los tiempos primordiales, de la inauguración misma de la explicación de los fenómenos o los hechos” _ la voz le resultaba monótona, monocorde, diría el profesor de música, ese que intentaba conservar una aire adolescente con el pelo largo y medio alborotado, y que a los cuarenta y pico, le daban más vista de descuidado que de juventud. Se acordó de Chávez, el profesor en cuestión, porque el día anterior lo había visto en la cafetería con ella, la de Filosofía, ésta de la voz aburrida. Le habían llamado la atención los gestos de él, casi agresivos, recordó que en un momento vio que la tomó de un brazo, pero había advertido, también, la firmeza de la mirada de ella, sosteniendo con convicción una causa que él , observador casual, no podía adivinar.
Además él había ido hasta allí a esperar a Mariana. Pensar en la chica le encogió el estómago. Habían establecido un acuerdo: si ella llegaba era para seguir con un amor que por adolescente no era menos intenso que otros, pero, si no iba, era su forma de decirle que ya no, que todo había terminado. Él había entrado al lugar con angustia, con esa sensación de desazón anticipada con que las tripas nos avisan las cosas. Casi ya sabía lo que sucedió después. Mariana no llegó. Fue entonces que miró hacia la mesa en torno a la que se sentaban sus maestros y vio lo que ahora recordaba.
Los mitos _ seguía diciendo la profesora, (muchos de sus compañeros decían que estaba buena a él no le gustaba) devienen en leyendas o narraciones que ya nadie cree .tal vez haría falta una relectura critica para recuperar los símbolos que están implicados en ellos.
Le dolía el estomago, pensaba en su regreso a la casa y en la madre y su irrenunciable costumbre de querer saber todo _ algo te pasa a vos, por qué te encerrás en tu cuarto? Sabía que su silencio la molestaría, ya inventaría algo.
Cuando sonó el timbre, escucho una última frase: Piensen en algún mito, después lo discutimos.
Cuando bajaba la escalera, casi corriendo para huir de algún compañero al que esa tarde no soportaría, pues no quería hablar del egreso cercano, lo vio a Chávez. Tenía las formas del agobio y los ojos enrojecidos.
Cuando se detuvo en la parada del colectivo, el estómago lo volvió a su propia historia, debía esforzarse, cómo iba llorar? Los hombres no lloran. Y siguió pensando eso mientras pegaba su cara mojada contra el vidrio de una ventanilla por la que pasaba el mismo paisaje de siempre.
Qué había dicho la profe? ¿Que había que pensar en algún mito? No iba a pensar en ninguno, se prometió, mientras se pasaba el puño enojado por los ojos.

Ana María Elía
5 de octubre de 2007

viernes, 21 de septiembre de 2007

se adormecen, despiertan, se iluminan,
O.G

Tan diciembre,
Tanta siesta porfiando por las venas
Tan verano,
Tanto abrazo escondido de las ganas
Tanta burbuja cuando la copa parecía serena
Tanta rebelión de pájaro enjaulado
Tanta sonrisa escapada, sin sentido
Tanta pregunta
Tanto pecado de omisión
Tanta historia
Y un jazmín amarillo
Justo en la hoja de un libro de Girondo.
Ana. Diciembre de 2005

CARMELO

Si uno ríe los martes, debe llorar los viernesy mirarse las manos a la luz de una vela,porque el martes, desnudo, como un niño, padecede las admoniciones de la luna perversa
A. Tejada Gómez.


Caminaba buscando el cielo. Tenía una manera entre torva y risueña, si se puede, de andar el tiempo. Vestía una camisa desteñida y grande, de esas que alguien había comprado en algún viaje a la ciudad cercana, y en un acto de solidaridad mal entendida le había regalado ya vieja, demasiado gruesa para el calor de enero, y liviana para las heladas implacables del invierno de la llanura. Era octubre, es decir la época del año en que la camisa y la temperatura se entendían. Un pantalón mal ajustado en la cintura y un par de tiradores extraños cuyo origen nadie adivinaba, completaban el atuendo. Cambiaba de calzado con frecuencia, el cierre de Morales y Cía. había llenado los almacenes de la parroquia de zapatillas azules, muchas de las cuales habían ido a parar a sus pies Se podría pensar que, dada la asiduidad del uso la ropa estaba sucia. Nada de eso. Desde hacía años con regularidad, casi exasperante, día por medio, a las 9 de la mañana, pedía permiso, ceremoniosamente, a la dueña de un hotel que supo de mejores tiempos, y en el piletón de un lavadero casi derruido, lavaba, con la concentración y el empeño de quien debe quitarle las manchas al mundo para que siga rodando. En tanto, se vestía con la “muda” alternativa, que no es necesario describir, pues la tenia puesta hasta que el viento y el sol o en su defecto, el calor de la cuadra de la panadería del pueblo, secaban la de siempre.
. Lo conocían por Carmelo, los más viejos discutían un apellido vasco que no pronunciaban bien, alguna vez hasta intentaron encontrar su filiación en padrones que se guardaban en el correo ,, hasta que se cansaron y abreviaron en el nombre. Por otra parte, nunca necesitó documento, ni para votaciones ni para cobros. No es que no trabajara. Cuidaba de los jardines de las casas “del centro” casi con la misma exasperante dedicación con que lavaba su ropa y vivía entre la indiferencia de casi todos.

Esa mañana empujó el portoncito de hierro por el que se entraba a la casa de los Vélez y camino al llamador de bronce con que anunciaría su llegada desde la puerta principal , miró las rosas, no le gustó el rojo pálido de unas , menos el amarillo desteñido de las preferidas de la dueña de casa, hace falta agua, pensó, mientras desde una ventana abierta , se adelantaron a su llamado,_ Buen día, pase nomás, y abra, el galpón está sin llave.
Mientras lo hacía, pensado en que era necesario ponerle aceite a las bisagras , se acordó de que era martes, no le gustaba el día, en tanto se decía eso, urdió la trama para una mirada, se secó la frente y tapándose con la mano miró hacia la ventana desde donde lo habían saludado. Recordó su llegada al lugar, hacia ya mucho tiempo, y el encuentro con la muchacha de pelo rojizo y suelto ,raros ojos grises, y gestos resueltos, la única que lo había mirado con naturalidad, sin extrañeza, como si él siempre hubiera estado ahí. Ahora usaba el pelo recogido pero el rojo persistía, atenuado, y se podía adivinar detrás del vidrio de la ventana, ahora cerrada , desde la que la mujer le dio la bienvenida.

Se había acostumbrado a mirarla siempre, había seguido su vida empecinadamente, la obervaba, la cuidaba, la soñaba, con una obstinación silenciosa que jamás se confesó a sí mismo, ni aún cuando en las noches lo despertaban las formas no sabidas de su cuerpo y se le enredaban las manos en caricias que jamás haría.
Se hizo cargo de sus rosas cuando ella se puso de novia con el forastero. Nunca le gustó ese hombre. Había algo en su andar, que delataba su condición de vagabundo, aunque pretendiera simular un oficio, que no desempeñaba en el pueblo. Pero ella se enamoró.
Carmelo comenzó a convivir con un sufrimiento torpe, ése que se buscan los que amando no lo proclaman y se sienten traicionados. Pero, claro, él no hubiera podido. Sólo cuidaba sus rosas más tiempo y gemía por cada beso y abrazo que espiaba.
Un día, un viernes de cuaresma, en marzo, estaba seguro pues , como ahora, a las plantas les hacía falta lluvia, el forastero se fue y ella lloró. La recordó así, llorando entre los rosales, cabizbaja en las galerías, desganada en el saludo, mirando con tristeza al padre que por esos tiempos requería de sus cuidados, Durante algunos años ni las navidades la alegraban y eso que él colgaba las luces en el jardín, le ponía globitos al pino y una estrella en la rama más alta Cada enero volvía a guardar todo, prolijamente, con la sensación frustrante de que de nada había servido.
En la mañana de un martes, era mayo, el rosal bordó estaba florecida, la habia escuhado cantar y se le habia albotado la panza. Ya está, habia pensado . Fue el mismo día en que el forastero volvió, y aprovechándose del amor mal curado, le renovó los besos y tardó en irse el mismo tiempo en que a ella se le alegró el corazón. Casi nada. Él la habia escuchado llorar un llanto reencontrado, mientras guardaba la tijera de podar.

Se habia prometido buscarlo, Después se lavaría bien las manos y la ropa. Y ella ya no lloraría.

jueves, 5 de julio de 2007

LA REUNIÓN

ÖSe reunieron. Siempre se reunían .Algún día de esos en los que alguno se volvía nostálgico se establecía una cadena de llamadas que los convocaba en el lugar de siempre y a la misma hora. Iban llegando según la ansiedad o el grado de cansada costumbre que los empujaba al encuentro. Habitualmente los varones primero, siempre tenían menos cuestiones domésticas que arreglar, y ocupaban, si podían, las mesas de entonces, digo las mesas porque había que unir más de dos para contener al grupo de diez u once que acudía al llamado. Nunca había una razón especial, los cumpleaños se recordaban con un mail apurado o un telefonazo de último momento, pues acudían a la memoria cuando ésta daba respuesta a esa sensación de”hoy me estoy olvidando de algo” que suele asaltar en esos días, y las otras noticias: trabajos , cambios de domicilios, separaciones o amores nuevos corrían de boca en boca en algún encuentro casual. Esas reuniones en el lugar de siempre tenían otra razón, tal vez recuperarse, volver a ser, por el espacio de unas horas, las chicas de mini diminutas y “gordos trenzados “o los pibes de barba trabajosamente acumulada, tipo “Che” que se perdían en debates tan surrealistas como las manifestaciones del arte del que hablaban, o que giraban hacia discusiones sobre la estética nueva que exigía un arte comprometido con lo social, hacia ya tanto tiempo…
Allí estaban, más gordos, más ricos, más desesperanzados, mas apasionados, según de quien se tratara y no importa aquí eso, pero estaban y era suficiente para que las voces se confundieran, hablaran todos juntos y los diálogos se mezclaran y se resolvieran por esa extraña facultad que tienen los que se conocen mucho, para pescar una palabra al vuelo e intervenir aunque estuvieran hablando con otros de otra cosa.
_Mirá es cuestión que querer, che_ estaba diciendo Javier, Maria Laura asentía moviendo esa cabeza de rulos medio enmarañados que no sé por que tienen casi todas las que conozco y como ella son psicólogas, seguramente habrá otras de prolijo pelo lacio, pero de esas no sé. Tenès razón, decía, y en eso reside el poder del deseo. Hay que querer apasionadamente y se puede – agregó alguien.
Querer? La voz de Clara sonó más alta que la del resto y monopolizó la atención. Clara la de las piernas largas y la melena rubia cayendo sobre la guitarra y las canciones de tantas tardes. Clara la que coleccionaba cuidadosamente las leyendas de los graffiti del mayo francés, Clara la que estuvo en los nacimientos y acompañó cada dolor, _Querer; dicen? Uds. creen que yo no quiero intensamente hacer fiaca cada mañana? Que no quiero con vehemencia amanecer frente a otro paisaje que no sea el muro gris del edificio de enfrente? ¿Que no quiero desesperadamente dormirme entre los brazos del hombre que amo en lugar de abrazarme a la serie de ignorancias e indiferencias cotidianas que me unen a mi marido? No jodan_ la voz le sonó mas dulcemente ronca que de costumbre_ uno puede, y después arma la historia y la reinventa, diciendo que eso que puede es lo que deseó con todo el corazón. No jodan, repitió casi susurrando y nadie averiguó demasiado por qué a cada uno el café le supo más amargo y más huérfano que nunca de cigarrillos prohibidos y nunca tan deseados.

Ana Elía
1 de julio 2007

sábado, 26 de mayo de 2007

Es extraño

Que raro ! Lo dijo sin darse cuenta y sin saber a quien se lo estaba diciendo, pues a su alrededor,e xcepto dos perros de mirada resignada, no habia nadie. Sin embargo era en esta esquina , volvió a hablarse entredientes, mientras se le marcaba en las cejas el extrañamiento.
Miró el árbol , el de todos los días, claro , la vidriera de la boutique del barrio iluminada por el sol de la mañana , dónde dos manequies parecían escaparle a un invierno fabricado con algodones y ramas desnudas , de dudoso gusto, pensó . cubiertos por sacos de cuero , cuyo precio habia preguntado a la dueña la mañana anterior ,sabiendo que todo quedaría en la consulta y ella seguiría con la campera gris .Recordó que hasta el portero de su edificio, con quien llevaba años de formulas sociales compartidas con menor o mayor efusividad , según el humor , solía mirar con cierto mal dismulado disgusto el tejido gastado del abrigo. Mientras caminaba vio en la peluqueria a sus vecinas , las que compartian las charlas en el parquecito cuando llevaba a los chicos a correr un rato, seguramente estaban "cotorreando" historias que a veces inventaban , por que sí, para no desnudar rutinas agobiantes.
Reconoció las tres baldosas despegadas que le hacian caminar con respeto ese tramo de la vereda , sos tan despistada le decían , y ella tomaba recaudos , por lo menos cuando el despiste podia convertirse en porrazo.
Saludó al chico de la panadería , al que volvía loco, cada mediodia , si los 250 gs de milonguitas no estaban tostados . Nole contestó.
Tampoco había contestado a su sonrisa de sabado la dueña de la boutique.
Desde la peluquería habian mirado con indiferencia su además de saludo ,brazo en alto.
Cuando el portero del edificio, que ese día , como todos los fines de semana, habia abandonado la prolija costumbre de afeitarse ,le preguntó _ Señora? Puedo ayudarla? Busca a alguien en esta dirección? Entonces, sólo entonces se dio cuenta. Se había equivocado. No era ella.

martes, 8 de mayo de 2007

Se ovillaba y se desovillaba en torno de su ombligo, Andaba en círculos caprichosos dándole vueltas a la sensación extraña. Si se acostaba boca arriba, era un cosquilleo inquietante, entonces volteaba de costado y sentía calor en el centro del cuerpo. Se acurrucaba y un hilo tibio le garabateaba extraños signos en el vientre. Si lo desatendía se volvía demandante, si se concentraba en él se iba desvaneciendo, pero nada de desaparecer, no, sólo se trataba de una estrategia para que ella se ocupara de recuperarlo. Cada mañana intentaba abandonarlo entre las sabanas y cada noche, sin embargo se acostaba con él. No importaba si llovía o el día era luminoso, en un caso se ocupaba de alumbrarla y en el otro de darle sombra. La exasperaba o la calmaba según las circunstancias. Se le deslizaba por la risa, pero se licuaba en sus lágrimas.
Entonces ella se ocupó, cuidadosamente, de buscar gente a la que le pasara lo mismo.
Hizo una larga lista que nombraba personas de cualquier parte, los distinguía por la luz en los ojos.
Creo que su nombre, sí, sí, el suyo, está entre ellos.
Ana. 4 de abril de 2007

lunes, 16 de abril de 2007

Ahi , en el hombro

Otra vez el calor, pensó. Dicho así parecía alusión a la tarde de otoño, que se pegaba porfiada y bochornosa a la piel asombrada y desprevenida. Pero, no: se trataba de un “pedazo de calor”. ¿Servía esos como definición? Se distrajo. No venía al caso, sin embargo era eso , una chispa de fuego ardiente , claro, ¿cómo si no?, y molesta que se le instalaba en el hombro , apenas dos o tres minutos, eso creía, nunca había cronometrado el encuentro casi doloroso, con esa sensación que desaparecía para volver cuando ella la había olvidado.
No sabía por qué recordaba con tanta nitidez la primera vez. Ahí estaba, con su vestido de Primera Comunión, pura organza y volados, las manos juntas, oprimiendo las tapas de nácar amarillentas del libro que su madrina se había empeñado en prestarle .A ella, que todavía no sabía que la nostalgia hace nido hasta entre las hojas de un libro, no le gustaba. Sigo, se dijo. Aquel día, justo cuando la boca se abría entre temblores, no de emoción, sino por el miedo visceral que le provocaba el no saber qué tragedia de sangre derramada podría provocar un mordisco involuntario en la Hostia, lo sintió. Ni pensó en sacudir el hombro. La ocasión era demasiado solemne y quién sabe que interpretación harían del gesto, los tantos pares de ojos que la seguían, empañados.
Hubo otras muchas veces. Cuando bailaba el vals de los quince, apretada al pecho de papá, tan magro y tan confiable y tan con olor a Regente, (se acuerdan?) Se perdió en el aroma.
Ah, cuando el primer beso, también. ¿Cómo que te dio calor en el hombro? Vos estás loquita. Mariposas en la panza se siente. Le arrancó una sonrisa el recuerdo de la voz de la madre. Cuánto te extraño.
Ya no se lo dijo cuando lo sintió mientras ella le apretaba fuerte la mano y abril jugaba de luz en la ventana y a lo lejos...”la vida no es un block cuadriculado/ es una golondrina en movimiento” y su voz, aquella misma, fue haciéndosele ajena, de a poquito. Eras tan joven para morir, mamá.
Por supuesto que calló lo de la llama en el hombro, el día de su casamiento, o entre los dolores de dos partos gloriosos, cuando los egresos, o los nietos, o la vez que el pánico adueñándose del vientre le declaraba el cáncer, o hacía poco, cuando los treinta y cinco de casados.
Pero, hoy. Por qué? Nada especial. Un día como tantos. Remoloneo en la cama. A veces se sentía “culposa”,( ¿existe el adjetivo?) . A su alrededor todo el mundo amanecía de prisa y sorbía la urgencia de un café al borde del portazo. Ella, ya no. Después anduvo hurgando en Marechal, en medio de un almuerzo a solas en el que un caldo dietético le garantizaba la ingestión , esa sí, sin culpas de una cena sustanciosa. A la tarde charla entretenida con dos ex alumnas, de las que vuelven siempre porque quedaron enredadas en el juego de seducción con que les enseñaba.
Después llegó Daniel. Y nada. Ahora, recién, el fueguito en el hombro. Miró al marido que dormitaba la rutina del día, frente al televisor, vociferante, para su gusto. Le dio ternura. Lo llamó para cenar.
Ël se sobresaltó un poco. Pensó en la avalancha de palabras que lo esperaba y que siempre le resultaba divertida y fascinante, Esa noche le ganaría de mano Le contaría eso que acababa de escuchar: no sé que antropólogo, no se acordaba dónde, se había dormido otra vez, seguramente, había descubierto los restos de o era una momia?. Lo extraño era lo de la marca incandescente a la altura del hombro.

¿Quién me ha robado el mes de abril?

No lo tengo guardado en el cajón,
porque no guardo ahí el corazón
entonces , nada de robado
sólo desusado
lástima de almanaque sin gastar
a casi 17 y no escribí
medio abril, y no viví
lástima de pieles sin rozar
de calendarios sin besos
de feriados de otoño sin abrazos
lástima las lástimas...

sábado, 24 de marzo de 2007

Estrategias

Si la estrategia es la risa
estoy perdida,
hoy no río
si es apelar a la razón,
hoy no la encuentro
si es aceptar la tristeza,
voy muerta, la combato
si por fin y, como siempre,
es trabajar
la uso
pero que pobreza de estrategias!

lunes, 19 de marzo de 2007

Si se pudiera

Si por alguna extraña o misteriosa operación el dolor me pudiera ser transferido, si se pudiera reducir por una sencilla transacción que tuviera en cuenta que yo también lo siento y somos dos.Pero no,en este caso soy sólo la garantía.Las palabras que se deberian decir no son las que quieren ser escuchadas y lastiman, es cuando el silencio se vuelve temeroso y en este oficio de ser madre de hombres , sólo se está, ahí, disponible, sin otro recurso que el amor y sin otra estrategia personal que la nostalgia de otros tiempos en los que alcanzaban el abrazo o el cuento o la canción o el amoxidal.

miércoles, 7 de marzo de 2007

EL BALCÖN

Era impresionista la sensación o era redundante pensar en una sensación impresionista? Otra vez enredándome en juegos de palabras-_pensó.
Lo que sí sabía era que la ciudad se le caía encima, había sol, era un mediodía de esos a los que el solía a calificar de “fantástico”, palabra que usaba tan habitualmente que los demás ya adivinaban y le valía más de una broma.
Cuando se apoyó en la baranda, pensó en la cantidad de vidas que transcurrían en ese extraño rompecabezas que conformaban los edificios.
Cuántos reirían? Cuántos serían felices? Cuántos llorarían? Deseó que muchos estuvieran tristes. Necesitaba la certeza de que alguien más pasaba por lo mismo que él. Pero también sabía, que cada uno era el dueño inequívoco de sus sentires.
Nunca serás feliz _ le decía su padre _ pensás mucho. Ël reía con la carcajada franca de los veinte años. Todavía no sabía que en algún momento envidiaría la simpleza de los que aman con las entrañas y acomodan el corazón a las circunstancias.
Volvió la vista hacia la mesa que guardaba los restos del almuerzo reciente. La botella de vino blanco destellaba y en los vasos todavía tintineaba la risa.
Un año antes , había escuchado su voz. Era el primer recuerdo que le trepaba a la memoria .
Había pensado en que era voz de acunar.
Cuando la vio , le pareció que a esa rubiecita desteñida le quedaba grande la ronquera dulce , con que sólo había dicho “buen día”. Sin embargo, volvió a mirarla. Muchas tardes después la voz se enredaba en sus sábanas y le colmaba la casa.
La amó entera. Amó su delgadez que se acentuaba en el atardecer, amó sus silencios y hasta los misterios que no lo dejaban entrar a su alma.
Tuvo celos de sus extrañas desapariciones de dos o tres días de las que volvía ojerosa, amedrentada, pero más llena de caricias que nunca. más desesperada de su cuerpo y más necesitada de sus abrazos. No preguntaba. Le bastaba la fragilidad diluyéndose en el sexo casi desesperado.
Hubo tardes enteras de lecturas compartidas, trasnochadas sesiones de cines, amaneceres de charlas, gestos buscándose a oscuras y en la luz.
Había, en fin, la vida.
Ese domingo, ella regresaba de una de esas ausencias. Él había preparado un pollo con ananá, el primer plato que habían compartido cuando ya habían decidido que vivirían juntos “para siempre”. Y había preparado un discursito, le diría que por fin esa voz de canciones de cuna debía ser escuchada por el hijo de ambos, No sabía en qué momento de la noche desvelada del sábado se le había ocurrido eso. Quería un hijo.
Había saboreado de antemano la emoción de ella, tal vez estaba esperando, con esa mansedumbre suya, que a él le urgiera prolongar el amor en vida.
Y cuando la vio tomar el primer sorbo del vino, se lo dijo. Primero vio lágrimas, y pensó, _tenía razón. Después la vio hurgar en el bolso gastado, que se empeñaba en usar siempre, y extenderle un papel amarillo, no había podido terminar de leer “Instituto de radioterapia y quimio...”. Entendió lo de vino amargo, se encogió en la silla, cuando sintió el portazo. Debió correr, abrazarla, detenerla. Pero pensó.




Ana Maria Elia

martes, 6 de marzo de 2007

Causas

Hay extraños motivos por las cuáles uno anda haciéndole zancadillas a la paz...entonces hay encuentros y desencuentros entre la razón y las entrañas , nadie gana ni pierde , porque sucede de a ratos y conviene .

sábado, 3 de marzo de 2007

Llueve

Casi Macondo,
llueve una lluvia porfiada
pero no abruma sueños ni utopías,
sólo desdibuja el asfalto
y extraña el paisaje
que no ofrece resistencia.

miércoles, 21 de febrero de 2007

El silencio

Se instala,
retrocede,
titubea.
ya no se escucha nada
se desveló el silencio
para que yo me duerma.

miércoles, 14 de febrero de 2007

Madrugada

Es la hora extraña
en la que decimos hoy
y ya es mañana.

domingo, 11 de febrero de 2007

Otra historia

Cada día de mi vida

por Ana Elía

11 de febrero de 2007

A Edgardo, quien me regaló la idea desnuda
y generosamente me dejo vestirla.


… “Lo absurdo es la razón lúcida que comprueba sus límites”
A Camus

…soñaba con ”la justicia, el progreso, la libertad, la independencia, el derecho de los pueblos a la autodeterminación, la integración latinoamericana, para cumplir los sueños de Bolívar, Martí y el Che Guevara»...
No sabía con precisión la hora, el cuarto estaba oscuro y la colilla del último cigarrillo a medio fumar se consumía en el cenicero que en ese momento se le antojó desconocido. Hacía calor .No era raro, febrero se trepaba despiadado a las paredes, supuso que el asfalto estaría pegajoso y que esa misma viscosidad caliente subía por los edificios. Había leído la noticia del accidente en el que murió la ministra de defensa ecuatoriana desde la pantalla del monitor. Una soñadora menos – se dijo.. La angustia de sueños muertos le atrapó la garganta. Se le habían muerto los sueños o ¿los había callado? En todo caso .¿cuál era al diferencia? Ya no latían ni lo empujaban a la vida.
Tengo sed, pensó_ como si la sola sensación no bastara y necesitara ser racionalizada. El agua de la jarra estaba caliente, no se molestó en agregarle cubitos, ni siquiera sabía si había, era probable que las cubeteras estuvieran vacías en la pileta de la cocina, mezcladas con algún plato de los que últimamente no lavaba. Mientras bebía leyó que la multinacional Barrick Gold amenazaba con destruir los glaciares andinos en Chile para extraer el oro de Pascua Lama lo que, por supuesto, provocaba la fuerte oposición de los chilenos y se acordó de las palabras de un amigo al que hacía tiempo que no veía ( había perdido la costumbre del café compartido y demorado en algún bar)…” en este mundo restante o tercero, apostamos al pensamiento mediterráneo. Aún confiamos en Prometeo”.
La figura trágica de Prometeo, rebelde frente a la injusticia, Prometeo robando el fuego a los dioses para entregarlo a sus criaturas, encadenado y liberado. Él _Prometeo, escuchando treinta años atrás…”Es también nuestra intención erradicar la corrupción, ofreciendo como norma la honestidad, la idoneidad y al eficiencia…” Podía recordar la bronca casi con la misma intensidad con que la sintió entonces, así como se olvidan los dolores del cuerpo y es imposible revivirlos, es suficiente una sencilla apelación y los del alma, vuelven. Aquella fue una época de sentimientos encontrados :la lucha desde la clandestinidad, la fuerza descomunal, el miedo que se instalaba en cada trozo de piel y el amor resolviendo todo en abrazos interminables o urgentes, en sexo redentor, en un hijo gestado en esas noches, tal vez en afán loco por sobrevivir.
Cuando volvieron de Madrid después del destierro, pasaron muchas cosas. Miró la foto, siempre la había conservado enmarcada en la madera de calidad dudosa de un portarretrato que había deambulado con él, y que ahora estaba entre una pila de libros. Nora tenía ese abrigo rojo y el gorro tejido y miraba, ¿Lo miraba? ¿Qué miraba? Desde el centro de la Plaza Mayor, el pesebre le había traído la nostalgia de la Navidad tibia de Buenos Aires. Tenemos que volver, le había dicho.
No fue fácil volver, mejor dicho no fue fácil reencontrarse con el país, había ausencias que no compensaban otras presencias, padres envejecidos, dos hijos que no reconocían las calles porteñas y a los que les costó familiarizarse con el empedrado de San Telmo.
A pesar de todo, se pudo. Había luchas que continuar, memoria que conservar, palabras para decir y duraban los abrazos y el ardor. Había fuego para robar y repartir.
Se quitó los anteojos que usaba desde hacía años, y se pasó la mano por la frente. Casi voltea el vaso con agua que había preparado la noche anterior para tomar las pastillas que le ayudaban a conciliar el sueño, finalmente se había decidido por el insomnio. A veces prefería no despertar y para eso la estrategia era una sola, no dormir.
No podía precisar desde cuando el amor se terminó. Un día cualquiera se encontró despidiéndose “civilizadamente” de su mujer, buscando un lugar dónde ubicar su vida , acompañando a sus hijos a Ezeiza, volvían a una España que les prometía trabajo.
Solo, ocupado en la librería que heredó del padre y pudo mantener y con algunas ráfagas de amor que le entibiaban las sábanas, era un tipo como tantos en un país que se plegaba en dos, los que podían y los que no, comer, estudiar, viajar, Tenía días como el de hoy, en el que pocas cosas tenían sentido, por no decir ninguna, pensó, mientras se acariciaba la barba de tres jornadas. No me comerán el hígado, se prometió. Llamaré a Santiago, lo invitaré a cenar, prepararé algo aquí y charlaremos hasta la madrugada. Mientras marcaba el número de teléfono del amigo incondicional, planificaba poner en orden el departamento. _No puedo, tengo cosas, disculpá_ la voz sonó indiferente y apurada.
Colgó. Y Sintió que no había nada, sólo él y su vida. ¿Valía la pena? Eso, su vida.
¿Qué razones había para vivir? El cuarto estaba sumido en una oscuridad diferente, afuera debía estar anocheciendo. El calor era igual de agobiante.
Las razones que sirven para vivir se convierten en motivo para morir por ellas, sonrió, pensando en las largas discusiones sostenidas con Nora en torno del pensamiento de Camus Uno sigue haciendo los gestos que ordena la existencia por muchas razones, la primera de las cuales es la costumbre, el fragmento de Sísifo le volvió, textual, a la memoria. Entonces, uno tiene la costumbre de vivir .Es por eso que responde al llamado, que siempre le pareció insolente, del despertador. Después, la mueca de un saludo, la inaugural inmersión en un debate de adverbios: ahora, ya, rápido, enseguida. El ritmo alienante, la materia del día Y, al final, la búsqueda de un residuo entre las manos. Otra vez la sonrisa amarga. Esas últimas palabras pertenecían a un viejo amague de poesía, escrita cuando esas veleidades suyas de poeta urbano (encima trasnochado) eran la buena excusa para compartir un tinto, en el extremo de la mesa de la que había sido desalojado rápidamente el mantel. Ella siempre lo escuchaba. Era una razón. El recuerdo de ella escuchándolo era otra razón. Una para la vida, la otra, ¿o la misma? para la muerte.
Repentinamente sintió el desorden No el del cuarto. El otro. El del mundo haciéndose añicos. El de su universo estallando extrañamente. Ya no podía conciliar la esperanza con el reclamo del que era testigo cada día, menos aún con los discursos.
Se había vaciado de fuego, suceso extraño para quien sentía que la frente ardía. Abrió postigos y ventanas, subieron las luces, los sonidos y el viento, mientras él tomó la decisión. Las pastillas servirían. Se aseguró de preparar la dosis justa, la dejó al lado de un par de anteojos rotos de los que nunca se había deshecho, sobre la mesa de luz. También serviría el vaso de agua tibia.
No sería un suicida torpe, oficiaría el suicidio como un rito, ¿de dónde venía eso? entonces debía escribir. ¿A quién?
Alguien lo leería, aunque más no fuera para satisfacer la morbosa curiosidad que se siente frente a los que decidieron su muerte, como si los muertos de muerte involuntaria no tuvieran secretos.
Se acomodó frente al teclado, comprobó que en la impresora quedaban hojas

“Quiero que sepan que, en términos generales sentí pasión y placer por mis actos y que los que devinieron en dolores fueron siempre, inicialmente, apasionados y placenteros, lo contrario sería estúpido
Puesto a mirar mi vida, desde el presagio de mi muerte, puedo inventariar los ojos celestes de mi abuela ,la serenidad, hasta ahora inexplicable, de mi papá, la obstinada forma de quererme a contramano que tenia mi vieja, la fórmula mágica con que cada noche nos despedíamos con mi hermano antes de acostarnos , en síntesis puedo volver a mi memoria cada día de una infancia caminada a destajo, pero feliz.” Se río, recordó los pies desnudos de los dos, Nicolás era menor, intentando romper un arco iris raquítico alojado en un charquito porteño, también exiguo después de una lluvia de verano
Siguió.” Supe del amor, de ése que hace doler la panza y que definido desde lo humano tal vez sea una entelequia ¿y eso qué? Yo sé que es. Y porque amé así, anda mi vida sobrevivida en dos, por ahí, en el mundo.” Otra vez se detuvo. Qué harían a esa hora los chicos? Uno, seguramente, despertando para llevar los hijos a la escuela. Casi volvió a escuchar la voz de Joaquín al teléfono_ Oye, abuelo, ¿Cuándo te vienes? Era bonito el mocoso. Todos decían que se le parecía.
El otro casi saliendo para USA, hacia donde había sido trasladado. _ Che, viejo por lo menos ya no nos separará el charco. le había dicho.
No volvería a interrumpir la escritura: “Soy responsable por cada día de mi vida. Los buenos me dieron fuerzas y los malos, a veces, también”
Firmó.
Imprimió la carta.
Se acercó a la cama: estiró las sábanas, se quitó el short, se tendió perezosamente. Sentía sueño. Se acomodó de costado. Abrazó la almohada. A las siete sonará el despertador –pensó. Y se tapó, había refrescado.
No pudo dormirse. Los visitantes fantasmales. previos al sueño, comenzaron a llegar. Lautremont, Artaud.
Recordó un texto que ocasionalmente cayo en sus manos días atrás. De Michel Serres sobre Michel Foucault.
“Esta Historia de la locura es pues, de hecho, una historia de las ideas. Es reencontrada en el espejo del microcosmos del asilo, desfigurado, ciertamente, silencioso y patético, pero rigurosamente ordenado en virtud de las inversiones que ya conocemos. Y este espejo alucinante no abre de ninguna manera el espacio de las imágenes virtuales, descubre el terreno original de las tendencias culturales, lo que late olvidado de las obras humanas. Érase una vez un país llamado Erehwon. En esta extravagante comarca son cuidados los criminales, los enfermos son juzgados y, a menudo, condenados. Allí está el infierno de la inocencia. Su nombre, extrañamente invertido, significa, para quien rehúsa comprender, ninguna parte. Ninguna parte, o del otro lado de las montañas.”
Se durmió. Dormir es morir un poco. Y mañana vivir, vivir obstinadamente de este lado de las montañas.



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Noche

El domingo casi depuso armas
se puede bajar el escudo

viernes, 9 de febrero de 2007

Otra tarde

Llueve. Niguna hormiga desorientada bordea mi ventana.
Hoy son gotas perezosas las que asisten a mi intento de no distraerme con nada, distrayéndome.
Vuelvo al trabajo , después de una conversación silenciosa , que, sin embargo, tiene la memoria de la voz.

jueves, 8 de febrero de 2007

De cuentos ...

Alguna vez escribí esto:


Cierta clase de...recuerdos

Me miran asombrados No entienden mi:_Buenas Tardes. Me voy de aquí.
-De dónde?
_Cuando?
-Deja la cátedra?
Sólo un _Por qué?, me pareció racional y a él le dí respuesta.
_Porque éste ya no es mi lugar -y casi escupí una pregunta, _Qué creen que es mi vida aquí?:
-No sé-dijo la silenciosa morochita que se sentaba al fondo-díganos ud.
La respuesta se disparó contundente- NADA-sonó con mayúscula.
Uno de los pocos varones mi preferido, me dijo:_apareció lo paralingúístico_Qué cara!
De inmediato me retrotraje, asumí mi rol de profesora, ése que ellos todavía idealizan, suponiendo que una es una dicotomía en dolor abandonado en la vereda y pura pasión entre las paredes del aula.- Lo intenté. Lo juro.
Distribuí el trabajo y volviste a mi pensamiento, dí las consignas y te vi sentado frente a la mesa tendida al sol ,riéndote ante la desusada copa de vino entre mis manos.
Alguien preguntó :_Qué es la escucha directa, y la mediada?
Acomodé la mente. Se puede?. La separé del corazón y dije:_no es lo mismo hablar de frente, ojos y manos, silencios y gestos, que la voz al teléfono, ladrón de miradas, tal vez engañosa, tal vez piadosa.
No voy a contarte todo esto a mi regreso. Ya no habrá encuentros. Ni siquiera tu nombre en un mail, ni una foto, a pesar de que algunas huyeron de mi ataque de “matar” y aún están en la papelera.
Me hablan de signos lingüísticos. Los escucho lejos. Digo:_Están explorando la oralidad, piensen. Me demoro en el verbo, ¿en qué lugar de mi irracionalidad idiota negocié el pensamiento?.
Sé que me están mirando. Consultan el dossier que les entregué y me miran.
Supondrán que escribo un informe’ ¿Qué pensarán de esta mujer que entró y les espetó la vida?
Iba a hablar pero me detengo, Apareció tu mano en mi hombro ,bordeando La cañada.
Los miré. Estaban organizando el trabajo. Se había impuesto el silencio, ése que está a medio camino entre el susurro y el reclamo.
Pienso en mis silencios y me esfuerzo. ¿Cómo llorar ahora que volvieron sus ojos a mí por que les dije:-Escuchen Quiero leerles algo.

.Ana ...abril de 2002

De la vida


Alguna vez, hace mucho me pensaron y pertrechada de esos sueños ajenos, nací, como si nada. Después , tiempo después , soñé los mismos sueños anunciados, y viví , atravesada de llanura y cielos amplios . Crecí, amé, reí largamente y, como todo el mundo, lloré. Soñé para los que después fueron y me trepé a los sueños de muchos , porque supe de la pasión de enseñar , casi visceralmente y del diario encuentro con el otro de mirada confiada y dudas que apelan...
En algún lugar las palabras se adueñaron de mi alma . O al revés? y me dio esta desazón de la que saben los que, como yo, se debaten entre los impulsos y los reclamos de las lógicas cotidianas.
Y aquí estoy siendo quien soy desde que me pensaron y pertrechada de sueños ajenos, nací, como si nada.